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Se canceló el MWC.

Se canceló el Mobile Word Congress (MWC). La excusa, la epidemia de un nuevo virus y cierto temor infundado. Pero eso sólo es la excusa; hay un trasfondo y mucho más.

No es ajeno el contexto de una alcaldesa antisistema, una administración regional sumida en el caos del delito, una sociedad catalana que no ha sabido reaccionar y que todos los días corta la avenida Diagonal por las tardes con la complicidad de sus autoridades antisistema y, ¡cómo no!, un gobierno central a remolque de acontecimientos, sin iniciativa, descoordinado, mezquino, que no actúa como tal y no tiene más fin que el poder del psicópata que hace de presidente.

Pero ese es el escenario interno de un país que lleva dos siglos mirándose los pies en vez de mirar al exterior. La feria internacional del móvil es un escaparate de tecnología, de progreso y de negocio. De un tiempo a esta parte, China le disputa el liderazgo a los EE.UU., estando mejor posicionada respecto a la tecnología 5G. En este contexto de guerra comercial abierta se ha de entender la cancelación, porque las presiones del bando norteamericano ha sido el factor determinante.

Europa mantiene una postura ambivalente en lo referente a la irrupción de Huawei. Los EE.UU. quieren imponer su criterio acusando a Huawei de poner en peligro la seguridad y dejar a Europa en una situación de dependencia.

Independientemente de los peligros de la tecnología 5G, los europeos estamos acostumbrados a ir a la oficina, encender un ordenador que funciona sobre el sistema operativo Windows, que incluso usan las administraciones a pesar de ser un sistema cerrado y vulnerable a virus e intrusiones y fugas de información, o en nuestros hogares. También sufrimos los teléfonos que funcionan sobre Android, y Google, el motor de búsqueda más extendido, nos pregunta qué nos ha parecido tal comercio o nos indica qué tráfico vamos a encontrar porque estudia nuestros hábitos. Las redes sociales más populares desde el Whats app, Facebook o Twitter están ubicadas en los EE.UU. imponiendo sus reglas del juego que cada vez con más frecuencia entran en colisión con nuestra legislación interna. Dejamos para otra ocasión la cuestión de la tributación de estas empresas que se sirven gratuitamente de nuestras redes de telecomunicaciones.

Hay muchos factores a criticar respecto a los retos y peligros de las tecnologías actuales y futuras y cómo afectan a nuestras libertades. El Brexit tuvo como ingrediente una sucia campaña de Cambridge Analytica que puede ser considerara un moderno golpe de estado. Y estando inmersos en el mundo Occidental, ciertamente conviene tomar precauciones respecto a China, pero se observa una falta de sentido crítico respecto a este colonialismo norteamericano que tanto aflige a nuestras vidas: desde cómo nos tocan las narices los ordenadores domésticos y los de la oficina, el alto coste en mantenimiento derivado de continuas actualizaciones e incompatibilidad, la obsolescencia programada, y las pérdidas de productividad derivadas de todo ello.

A todo esto se nos ha olvidado que existe un sistema operativo universal muy extendido: Linux. Las fotocopiadoras, los receptores de satélite, Blu Ray y DVD, los modem… todos estos dispositivos funcionan sobre Linux. Interesante y lógico sería que las administraciones públicas optaran por Linux, especialmente el Ministerio de Defensa. No hay excusa.

Ante este escenario se debe plantear qué estamos haciendo para salvaguardar nuestra soberanía y no ser tratados como cautivos. Las servidumbres de estos políticos vendepatrias especialmente hacia los EE.UU. en este tema o en el de Defensa, mediante la dependencia del material norteamericano que no es precisamente el mejor y el más barato, así como esa estructura anacrónica que interfiere en la política exterior de la Unión Europea que es la OTAN, nos hace preguntarnos por qué ha de preocuparnos tanto eso del 5G mientras estamos soportando todo esto que chirría en la mente de cualquier persona con dos dedos de frente, salvo que milite en algún partido político…

Y sobre todo, después del fiasco y las cuantiosas pérdidas económicas que ha supuesto la cancelación del MWC, debemos dejarnos de mirarnos las uñas de los pies (que si memoria histórica, procés y demás tontunas de los paletos), y tomar conciencia de un mundo globalizado; no hay más mezquindad que criticar la “globalización” y no ser consciente de ella.

Pero la mezquindad no es exclusiva de esta izquierda radicalizada y paleta hasta niveles patológicos. La derecha igualmente anda falta de proyecto, estrategia y discurso y su actitud igualmente servil hacia los EE.UU. les hace acreedores igualmente del calificativo de paletos.

Otro tema y no precisamente menor es el energético. Mientras que la izquierda manipula con la complicidad de los medios de comunicación con eso del “cambio climático”, en el mundo globalizado, los EE.UU. nos imponen a quién hemos de comprar el petróleo y en qué condiciones, como si no fuéramos soberanos, vetando oleoductos, imponiendo sanciones y afectando a nuestras vidas aunque no lo veamos pero si lo notemos cuando repostamos en una gasolinera o pagamos la luz o el gas.

La conclusión que hemos de sacar de todo ello es que debemos tomar conciencia de la realidad que nos rodea y mirar al mundo de frente. Los populismos de muy diversa índole y los electorados cautivos propios de  sociedades cerradas y paletas conducen a este escenario, con el consiguiente descalabro económico que, por desgracia, hemos observado en forma de desempleo y fuga de empresas y talentos. Y sobre todo, debe haber libertad de información, y no andar ocultando todo esto justificándolo con la epidemia del coronavirus. Todavía hay gente que cree que el desastre económico de Zapatero (Zp-192) fue debida a la crisis de las hipotecas en EE.UU. No, la epidemia vírica sólo ha sido la excusa.

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