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Imbécil

            Aunque no lo parezca, no todos los imbéciles del mundo están en España. Dejamos algunos para Europa, donde tampoco faltan.

            Imbéciles son los miembros del Tribunal de Bélgica que no estimaron la petición de España a través de sus autoridades competentes de extradición de Puigdemont, el golpista huido. Imbéciles son los miembros del Tribunal de Alemania que hicieron lo mismo. Ambos actuaron con torpeza en derecho alegando normas de rango inferior a las alegadas para solicitar su extradición. La “euroorden” quedó en papel mojado. Este verano pasado, la torpeza de los dirigentes del ejecutivo de distintos países ante la inmigración masiva estuvo apunto de cagarse también el espacio Schengen.

            Más idiotas: ahora el Parlamento Europeo autoriza al huido Puigdemont un acto que es una ofensa no sólo para España sino para todos los demócratas. Y una ofensa a la inteligencia. ¡Cómo puede la Humanidad haber conseguido tanto avance con tanto imbécil!

            Partimos de la base que los parlamentos son los templos sagrados de la democracia en los que el respeto a las formas es fundamental. Y resulta que un delincuente huido, evadido de la Justicia, se cuela invitado por fuerzas antisistema que nunca debería haberse permitido su presencia en ese Parlamento que denigran.

            Ignoro el detalle. Las cámaras son soberanas y se dotan de su propio reglamento de actuación. Habrá una mesa que decida el orden del día. Pero resulta desmoralizador pensar que un delincuente haya sorteado los controles. Y constituye un escarnio que no debe quedar sin la respuesta oportuna al objeto de corregir semejante aberración.

            Estos despropósitos provocan desafecto hacia Europa, y la Unión Europa es el futuro, no una caja de resonancia para toda la canalla antisistema, la basura que puede llevar a Europa a las guerras que la han asolado, y la causa principal que motivó su construcción fue precisamente evitar esas guerras. Europa fracasó con Yugoslavia, y si agrede a España, agrede a su propia esencia, a su base que no es otra los estados que la componen.

            El lema de la Unión Europea es “unidos en la diversidad”. El acto de Puigdemón es un acto de desunión, de negación de la diversidad, de exclusión, de deslealtad que únicamente busca en ese espacio una caja de resonancia para su permanente huída, para su infamia. No verlo constituye un acto de estulticia que inhabilita al Presidente del Parlamento Europeo y exigiría su reprobación. El futuro de Europa está en juego. No se puede poner al frente de las instituciones a cantamañanas como Tajani que pone en peligro a 28 estados y 512 millones de personas.

Post Scriptum:

Si ayer escribí lo anterior motivado por la alarma, de lo que no me retracto, hoy 15.02.19 es justo reconocer que el Presidente de la Eurocámara, motivado por las quejas recibidas ha dado marcha atrás desautorizando por motivos de seguridad la charla del golpista Puigdemont con Torra. A ello no ha sido ajeno que hace unos días los naziotas de los CDR (“Comités de Defensa de la República”), asaltaran las sede de la UE en Barcelona invocando “razones de seguridad”. Pero no ha hecho una defensa de los valores democráticos que son los cimientos de la Unión Europea, por lo que no procede rectificar un ápice, ni siquiera el título, “Imbécil” del presente artículo.

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